“Suspiria”: brujas y danza / En la opinión de Luciano Campos

Luciano Campos / Redacción MX Político.- Suspiria (Suspiria, 2018) es una denso viaje de auto descubrimiento, de una bella jovencita americana que en Europa encuentra su verdadera vocación y su infame destino.

Remake de la cinta de culto homónima que concitó comentarios encontrados en 1977 a Dario Argento, por la temática satánica y el estilo visual, la nueva propuesta de Luca Guadagnino está llena de metáforas y significados ocultos.

Esta Suspiria es pasmosa y visualmente rica, con una elegante gama de coreografías. La historia transcurre en el interior de una academia de danza en Berlín, en la década de los 70, cuando las Alemanias estaban divididas y todavía seguía fresco el horror de la segunda Guerra Mundial.

Las progresiones de las danzarinas son una referencia a los rituales, a los hechizos, a los conjuros y secretos que se guardan en los sótanos de esta escuela a la que acuden chicas dotadas para el oficio.

A través de una serie de flashbacks, que ameritarían mayor claridad, se va descubriendo la vida de Susie (Dakota Johnson). Físicamente agraciada, formada en una comunidad menonita de Ohio, donde prevalece el sentido de la culpabilidad, ha pasado la vida arrastrando la vergüenza de su propia personalidad, acusada por su madre de tocamientos impuros.

Su llegada a Europa es como la de un renacimiento. La chica entra al internado de ballet y se reinventa, adaptándose de inmediato a la vocación que comienza a explotar, mientras se da cuenta de extraños sucesos que ocurren a su alrededor con algunas de sus compañeras.

Guadagnino deja todo a la imaginación y a la interpretación. Las señoras directivas son un conciliábulo extraño que tienen una doble vida. De día son estrictas institutrices, pero de noche viven en secreto una conducta que se parece mucho al de las antiguas hechiceras, con sus episodios de aquelarres y bacanales.

Las chicas danzan tensamente, y las mujeres urden su propio plan para la recién llegada. El gran show que preparan, para presentarlo en la comunidad, será el preámbulo para utilizarla para un propósito macabro. Sin embargo, nada es lo que parece. Algunas de las chicas tienen su propia agenda íntima.

En medio de una estupenda interpretación colectiva de un número dancístico, comienzan a revelarse los secretos que llevan a todas hacia una catarsis con la que se rinde culto al tremendista cine giallo, en el que el mismo Argento se entronizó.

Hay un marcado desbalance en la pasividad con la que inicia la historia y la escena dantesca, encarnizada, sanguinaria, espeluznante del clímax, en la que se revelan las personalidades de todos y se decide el camino que cada uno tomará.

Tilda Swinton luce soberbia, como de costumbre, en su triple papel. Por increíble que parezca, interpreta, a la maestra de danza, pero también al sicoanalista y a una horripilante dama que quiere una diabólica compensación.

Suspiria es un viaje alucinante hacia el suspenso, con una trama de terror sobrenatural que no es para todos los gustos.
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