Paz Alicia Garciadiego lamenta desprecio a los guionistas

Redacción MXPolítico.-  Paz Alicia Garciadiego reconoce que el oficio de guionista es un trabajo muy sufrido y que en su experiencia ha aprendido a escribir historias para películas con presupuestos reducidos, respetar las decisiones de los directores y aceptar que su trabajo se vea aunque sea a través de la piratería.

De espíritu bohemio, Garciadiego ha sobresalido en la industria cinematográfica por su trabajo en cerca de 20 películas, en las cuales trata -de manera cruda y visceral- temas como el adulterio, la marginación, la feminidad y la vejez.

Su trabajo –según la crítica especializada- es un parteaguas para el melodrama fílmico de México, debido a su estructura literaria en la que la psicología de los personajes, la atmósfera perturbadora que se cierne sobre ellos y los destinos trágicamente lógicos de sus derroteros, “sustituyeron a la lágrima fácil y la anécdota trillada”.

Con más de 35 años de trayectoria, la creadora dijo a Notimex que celebra la mancuerna profesional que ha trabado con el cineasta Arturo Ripstein, con quien ha recorrido el mundo entero para llevar cine a festivales tan importantes como Venecia, donde consiguió en 1996 la Osella de Oro al Mejor Guion Cinematográfico por Profundo carmesí.

Trabajo y pareja

El imperio de la fortuna fue el primer guion que Garciadiego escribió para Ripstein y recuerda que por ese entonces no eran pareja, por lo que se veían en un café para hablar sobre las entregas.

“Era mi primer guion y él me iba pastoreando. Eran 385 páginas, así que duró un buen rato nuestra convivencia; al principio le iba entregando 15 páginas, luego 30, luego 40, y ya después me fue agarrando confianza”, recuerda con alegría en entrevista.

Como si los años no hubieran pasado, la guionista comparte que desde aquella primera producción, en 1985, acostumbra ir diario al set donde aprendió que ese es el espacio de Ripstein y que ella puede intervenir en muchas cosas, pero no ahí, porque existe entre ambos respeto profesional.

“Si no hubiéramos logrado tener bien claro el respeto profesional no hubiéramos logrado hacer las 14 o 15 películas que llevamos (…), y creo que tiene que ver con que la primera cinta que yo escribí no era su pareja y muy pronto aprendí cuál era su territorio y cuál el mío.

“El primer día de filmación llegué y yo había descrito un bar abandonado, esos de techo de lámina donde sólo quedaba un borracho en una mesa (siempre he sido cuidadosa de que sea barato) y un señor levantando la mesa (…), y de repente veo que es un lugar chiquitito y le digo: ´No, Arturo, así no es´, y me responde: 'No, así no es en tu guion pero esta es mi película. Si no te gusta te vas. Así que aprendí muy pronto, porque tiene razón. Es su película”, comparte, al tiempo de dejar escapar una sonrisa.

De recién manufactura es El diablo entre las piernas, película que se encuentra en postproducción y que escribió Paz para que dirigiera Ripstein.

La trama, afirma, “tiene que ver con los celos y el proceso de deterioro de una pareja que empieza a estar aislada del mundo. Esta historia surge a partir de unos amigos que nos contaban que los celos de un hombre se detonaron con la presencia del Alzheimer.

"Él nunca había sido celoso y un buen día se volvió un celoso absurdo y decidí escribirlas porque son historias que me gustan, pero no desde la perspectiva que vemos en el cine, donde los ancianos son muy dulces. A mí me gustan más los personajes que son contradictorios, si no me aburren”.

La egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) puntualiza que su personaje no tiene Alzheimer, “porque yo quería una película en la que el deterioro no fuera producto de la enfermedad, sino de la vejez y el aislamiento en el que van cayendo las parejas”.

Proceso creativo

Al preguntarle cómo es que elige las temáticas y desarrolla los perfiles de sus personajes, Garciadiego sostiene que se nutre de distintos momentos y de distintas experiencias de amigos y conocidos, pero siempre pensando en atmósferas para películas de presupuestos reducidos.

Por ejemplo, en El diablo entre las piernas la historia ocurre 85 por ciento en una casa y hay pocos personajes. “Es una película difícil, muy muy cruda, y yo lo tengo muy claro. En muchos sentidos se adelanta a su tiempo o se atrasa (…), porque estamos en unos tiempos chabacanamente muy dulces, donde la gente les dice “perrhijos” a los perros, y eso seguro no lo van a encontrar en mi cine”, expone.

Aunque antes prefería escribir en las mañanas para dedicar la tarde a sus hijos, la creadora reconoce que hoy en día lo hace antes de la cena, porque hay menos interrupciones. Su lugar favorito es su estudio, el cual da hacia un pequeño jardín en el que disfruta ver caer la lluvia y cómo ésta encharca el patio y moja sus plantas.

Los reconocimientos

De acuerdo con Garciadiego, los premios y los reconocimientos son un estímulo que en lo profesional te ayudan a levantar la siguiente producción. “Los premios abundan en el currículo y si ves los requisitos que pide el Imcine (Instituto Mexicano de Cinematografía) son enormes, entonces los premios coadyuvan”, dice sin reparo.

Al preguntarle si su trayectoria no es suficiente para que los productores le den el sí a sus guiones, refiere: “Ellos le entran ahora porque he aprendido a escribir películas muy baratas en contubernio con Ripstein, porque los dos estamos de acuerdo en que si queremos hacer una película, debemos hacer lo posible”.

Por eso agradece que en la próxima entrega de los Premios Ariel, a realizarse el 24 de junio próximo, le vayan a otorgar una presea, la de Oro. “Soy la primera guionista a la que le dan el premio (…) Me parece sorprendente que los guionistas estemos olvidados en el cine. Somos muy despreciados, incluso los periodistas y los críticos le echan la culpa de los aciertos o desaciertos al director”, menciona.

Visiblemente consternada, opina que los guionistas son un gremio muy despreciado, “además cada vez hay más directores que hacen todo. Son directores omnipotentes que además de dirigir, hacen el guion, producen y todo lo demás, lo que ha llevado al ensalzamiento de los directores a costa de los guionistas”.

Y aunque le entristece esa situación, refiere que le exacerba también que sus películas tengan una gran acogida en el extranjero y no así en México, pues eso fortalece el refrán que reza: "Nadie es profeta en su tierra".

Lo anterior, agrega, no es por falta de público sino de espacios de exhibición, por eso “aunque casi ya no hay puestecitos, me daba gusto ver mis películas en piratería callejera. Yo prefiero que se vean a que no. Imagínate la frustración de que no se vean”.

 

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